En el marco de la Semana del Emprendimiento y la Innovación Entre Ríos 2026, la Dra. Patricia Debeljuh dictó la ponencia «Actitud emprendedora: ¿Cómo construir un proyecto de vida con propósito?», donde destacó la importancia de reconocer oportunidades, avanzar aun sin tener todas las respuestas y tomar decisiones alineadas con aquello que da sentido a la vida.
Doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra, Patricia Debeljuh es especialista en liderazgo, gestión de personas y conciliación entre familia y empresa. Actualmente se desempeña como investigadora y directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE Business School de la Universidad Austral. Desde esa experiencia, su propuesta durante el encuentro organizado por el Consorcio Asociación para la Formación, Investigación y el Desarrollo del Emprendimiento en Entre Ríos (AFIDEER) vinculó el desarrollo emprendedor con preguntas que exceden lo estrictamente profesional: qué vida se quiere construir, con quién compartirla y para qué se desea hacer aquello que se hace.
Para la Dra. Debeljuh, el punto de partida de una actitud emprendedora no está necesariamente en tener una idea extraordinaria, sino en la capacidad de mirar alrededor y preguntarse qué se puede hacer frente a una necesidad concreta.
Durante su exposición, planteó que tanto un estudiante como un emprendedor comparten una condición fundamental: ambos están intentando construir un futuro sin contar con todas las respuestas. En ese proceso, emprender significa asumir una determinada manera de posicionarse frente a la realidad, descubrir oportunidades donde otros ven dificultades y animarse a dar pasos aun cuando el resultado no esté garantizado. Precisamente, esa incertidumbre forma parte inevitable del camino, quien emprende suele querer garantías antes de comenzar, saber que la decisión es correcta, que el proyecto funcionará, que conseguirá la inversión necesaria o que contará con el equipo adecuado, pero esas certezas no siempre existen. Por eso, la actitud emprendedora no consiste en no tener miedo, sino en evitar que sea el miedo quien tome las decisiones. Dar un primer paso, incluso pequeño o imperfecto, permite descubrir nuevas posibilidades y aprender también de los errores.
La Dra. Debeljuh profundizó en esta idea y explicó que el propósito funciona como una brújula para orientar ese recorrido. El emprendimiento puede surgir de una idea o de una necesidad, pero detrás de ella es necesario preguntarse por qué se quiere llevar adelante y a quiénes beneficiará.
El propósito no elimina la incertidumbre, pero permite comprender por qué vale la pena continuar cuando aparecen dificultades. Además, puede descubrirse durante el propio camino: no siempre se presenta como una respuesta definida desde el comienzo, sino que puede construirse a partir de las experiencias, decisiones y oportunidades que atraviesa cada persona.
Cuando el éxito también incluye a los vínculos
Uno de los aspectos centrales de la ponencia fue la necesidad de integrar el trabajo con la vida personal y familiar. La Dra. Debeljuh, explicó que no se trata de encontrar un equilibrio perfecto, algo que probablemente no exista, sino de evitar que el crecimiento profesional termine negando sistemáticamente otras dimensiones importantes de la vida.
En este sentido, planteó que el éxito profesional pierde parte de su sentido si para alcanzarlo es necesario renunciar de manera permanente a las personas con quienes se desea compartirlo.
La reflexión se extendió también al ámbito empresarial. La imagen tradicional del emprendedor como una persona que avanza sola fue reemplazada por una perspectiva más amplia: detrás de cada proyecto existe un equipo, y detrás de cada colaborador existe una vida que continúa más allá de la empresa.
Padres, madres, hijos, parejas, personas mayores que necesitan cuidados, vínculos, responsabilidades y sueños forman parte de esa realidad. Por ello, la Dra. Debeljuh propuso que las organizaciones incorporen a las familias de sus colaboradores dentro de su mirada de responsabilidad.
«¿Para quién quiero construir todo esto?» se convierte así en una pregunta fundamental. Una empresa puede generar empleo y negocios, pero también puede transformar la vida de sus trabajadores y, de manera indirecta, la de sus familias.
Educar hoy a quienes construirán el futuro
Esta perspectiva también alcanza a las instituciones educativas. Durante la entrevista realizada por UAP Noticias, la Dra. Debeljuh destacó el papel de la universidad como una comunidad de aprendizaje donde estudiantes, docentes, investigadores y graduados pueden compartir conocimientos y experiencias.
Más allá de los planes de estudio y los títulos profesionales, consideró que la universidad puede ser un espacio privilegiado para que los jóvenes descubran intereses, desarrollen proyectos y comiencen a definir el futuro que desean construir.
La formación de las nuevas generaciones, además, no comienza únicamente cuando ingresan al mercado laboral. Las familias constituyen uno de los primeros espacios donde se desarrollan valores, hábitos y capacidades que posteriormente tendrán un impacto en las organizaciones. De allí que, para la especialista, hablar de conciliación y bienestar familiar también sea hablar del futuro talento de las empresas.
En este punto, su propuesta se vincula con el trabajo que desarrolla desde el Centro Conciliación Familia y Empresa, donde se promueven buenas prácticas para que las organizaciones puedan considerar el bienestar integral de sus colaboradores y sus familias.
Una brújula para el camino
Al finalizar su exposición, la Dra. Debeljuh retomó una antigua metáfora atribuida a Séneca: «Cuando un barco no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento le es favorable». La imagen sintetizó el mensaje que atravesó toda la ponencia: tener un propósito no significa conocer de antemano cada paso del camino, sino contar con un rumbo que permita tomar decisiones en medio de la incertidumbre.
En el contexto de AFIDEER, donde confluyen estudiantes, universidades, empresas y emprendedores, la propuesta dejó abiertas algunas preguntas que trascienden cualquier proyecto empresarial: ¿qué vida quiero construir?, ¿con quién quiero compartirla?, ¿para qué quiero hacer lo que hago? y ¿qué tipo de persona quiero ser?
Según la Dra. Debeljuh, la actitud emprendedora comienza cuando una persona descubre que puede ser importante para algo y decide transformar esa inquietud en acción. Porque tener una idea innovadora es apenas el comienzo; el verdadero desafío está en animarse a realizarla sin perder de vista el propósito que le da sentido.
La especialista valoró primordialmente la propuesta de la Semana del Emprendimiento y la Innovación y destacó la articulación entre el ámbito académico, empresarial y público que se promueve desde la Universidad Adventista del Plata. Consideró que estos espacios de cooperación y aprendizaje compartido contribuyen a una búsqueda que, en última instancia, involucra a todos: la construcción de un bien común.
Y así, la invitación final no fue simplemente a emprender, sino a hacerlo con rumbo. Construir un proyecto de vida en el que el éxito no se mida únicamente por el lugar al que se llega, sino también por las personas que forman parte del camino.
Luego de la exposición de la ponente, el Mag. Horacio Rizzo, rector de la UAP, dijo: «La reflexión de la Dra. Patricia Debeljuh se conjugó con una concepción de la educación que trasciende la formación profesional y pone en el centro el desarrollo integral de la persona. En este sentido, su propuesta dialoga con la filosofía de la Universidad Adventista del Plata (UAP), que entiende la formación como un proceso orientado no solo a preparar para el trabajo, sino también a acompañar a cada persona en la construcción de una vida con sentido».



