«Dios no llama a personas preparadas, sino dispuestas»

La Universidad Adventista del Plata (UAP), a través del Servicio Voluntario Adventista, recibe a jóvenes de distintos países que impactan en el campus.

La UAP es ampliamente reconocida como una cantera constante de voluntarios que parten a distintas regiones del mundo. Al mismo tiempo, la Institución cumple un rol fundamental como receptora de jóvenes que eligen el campus para poner sus dones al servicio de los demás, encontrando en las residencias estudiantiles femeninas un ámbito clave para acompañar vidas y brindar contención espiritual.

Paulina Robayo y su familia en Ecuador

Paulina Jackeline Robayo Rugel es oriunda de la localidad turística de Baños de Agua Santa, en la zona serrana de Ecuador, un destino reconocido por sus espacios verdes y aguas termales. Para integrarse al equipo de Preceptoría, Paulina llegó a esta Casa de Estudios tras atender una llamada que reorientó su camino y marcó una decisión que no formaba parte de sus planes iniciales.

Un llamado imprevisto

Mientras trabajaba y se consolidaba económicamente en su país, Paulina se postuló a la convocatoria del Servicio Voluntario Adventista (SVA).  Tres meses después, recibió la llamada del Pr. Leonardo Meda consultando su disponibilidad para asumir el compromiso de trabajar en las residencias estudiantiles, en el hogar de señoritas, en el área de Preceptoría de la UAP.

«El plan inicial no era estar acá en la Universidad Adventista del Plata, pero Dios dijo: «El llamado es para ti». Cuando el pastor me preguntó si estaba disponible, tras pensarlo le dije que sí. Así fue como surgió todo para poder venir», relata Paulina.

El desafío de servir

Para Paulina Robayo, asumir este rol implicó salir de su área de conocimiento y afrontar temores personales para integrarse al trabajo diario con las alumnas de las residencias: «No tenía conocimiento del área de Preceptoría. Era un desafío personal y también un miedo viajar para realizar actividades que no conocía. Entonces, cuando llegué y realicé la entrevista, lo único que dije fue: «No sé qué tengo que hacer, pero con que una persona abra las puertas de su corazón para recibir a Dios, soy feliz».

Paula Robayo junto a sus compañeras del voluntariado

Acompañamiento y contención que transforman

En la cotidianidad de la convivencia en el campus, al compartir charlas, almuerzos y momentos de recreación con el equipo de voluntarios, Paulina entabló una relación con una alumna de tercer año que no participaba en las actividades espirituales de la universidad.

Tras invitarla a asistir al congreso I Will Go en la UAP, organizado por el SVA de la Unión Argentina, la joven estudiante aceptó acompañar a Paulina. El programa marcó un punto de inflexión en ella, despertando el deseo de involucrarse en el servicio, aunque con temor a no estar a la altura de las exigencias. Ante esa inquietud, Paulina le transmitió un mensaje de aliento: «Dios no está llamando a personas preparadas. Él está llamando a personas dispuestas a escuchar su voz».

A partir de ese diálogo, la alumna comenzó a asistir a la Escuela Sabática y a los momentos de reflexión espiritual. Posteriormente, decidió recibir estudios bíblicos y compartió con entusiasmo cada nuevo aprendizaje con su entorno.

Adaptación cultural y propósito misionero

Este es el segundo año de voluntariado de Paulina, quien durante 2024 prestó servicio en Brasil. La preparación previa en la “Escuela de Misión” le brindó las herramientas necesarias para adaptarse a las costumbres, la gastronomía y las expresiones locales de Argentina.

Ante la proximidad del cierre de su periodo de voluntariado y la inquietud de la estudiante por su partida, Paulina reafirmó su compromiso de fe con una frase que transmite a los jóvenes en cada destino donde le toca servir: «Si no nos volvemos a ver en este mundo, arriba es el lugar donde nos vamos a volver a encontrar».

Paulina Robayo, al igual que otros misioneros voluntarios, pone sus competencias y dones al servicio de Dios para ayudar en distintas áreas de la Universidad Adventista del Plata. Sin duda, estas actividades de movilidad académica permiten un crecimiento integral en la vida de los voluntarios y en la comunidad de esta Casa de Estudios.

Compartir: