«El mundo no necesita solo profesionales, sino líderes que pongan su profesión al servicio de Dios y del prójimo»

«El mundo no necesita solo profesionales, sino líderes que pongan su profesión al servicio de Dios y del prójimo»

Durante el acto de inicio del ciclo lectivo 2026, el Mag. Horacio Rizzo, rector de la Universidad Adventista del Plata (UAP), invitó a la comunidad educativa a ser profesionales que integren conocimiento, fe y servicio para impactar positivamente en la sociedad.

En la ceremonia, realizada en el templo de la Universidad, el Mag. Rizzo reflexionó sobre los cambios que atraviesa la sociedad actual y el desafío de formar profesionales capaces de responder a ese contexto con integridad, propósito y esperanza.

A continuación, UAP Noticias reproduce el discurso propuesto por el rector durante la ceremonia de bienvenida al nuevo año académico.

El rector comenzó su alocución proponiendo lo siguiente a la comunidad educativa y público presente en el Templo de la Universidad: «Este año recibirás muchas herramientas. Usa cada una de ellas, las que tienes a tu disposición, pero coloca tu decisión personal como soberana, procurando replicar experiencias testimoniales.

Estoy absolutamente convencido de que este es un tiempo de cambios. Es verdad que el mundo cambia permanentemente, pero considero que este momento es especial: cambios profundos, tendencias diferentes, crisis y oportunidades.

En primer lugar, menciono el cambio del liderazgo de la Iglesia Adventista, sostenedora de esta institución, en todos sus niveles: Asociación General, División Sudamericana y Unión Argentina. Alguno dirá: ¿qué tiene que ver esto con la UAP? Respondemos a la misma cosmovisión. Hay fundamentos que no cambian, pero sí la tendencia a priorizar algunos sobre otros y a darle mayor velocidad a ciertos procesos, especialmente al responder a las necesidades emergentes de las personas. Por eso, el mayor desafío es integrar al mundo en un solo pensamiento.

Como siguiente punto, los gobiernos están cambiando en sus tendencias, y esto pone en riesgo ciertas políticas, ofreciendo, por otro lado, nuevas oportunidades.

Y, en tercer lugar, la sociedad vive una profunda crisis de valores. La guerra está, lamentablemente, naturalizada y justificada, y el panorama tecnológico es incierto.

Esta simple y corta enumeración, al describir el presente, deja ver qué tipo de profesionales necesita la sociedad.

En esta ocasión, tenemos docentes, personal administrativo, padres y, de manera especial, una nueva generación de estudiantes en la Universidad Adventista del Plata.

Cuando entraron por el Pórtico, no solo cruzaron las puertas de una institución académica; transitaron el mismo camino que muchos en el pasado y se disponen a vivir una experiencia.

–              Si eres familiar, no olvides tu rol: conviértete en el puente entre tu hijo y la institución.

–              Si eres gestor, piensa qué tipo de gestión deberás desarrollar en este tiempo, asumiendo riesgos y defendiendo las prioridades, aunque a tu lado alguno diga: “¿Para qué?”.

–              Si eres docente, qué tipo de maestro deberás ser para modelar pensamiento por medio del conocimiento impartido. Dios te utilizará para hacerlo con sabiduría y te dará la felicidad de trascender en cada exalumno que ejerza su profesión.

–              Si eres alumno, qué tipo de profesional deberás ser si quieres hacer una diferencia significativa en el mundo. Dios te utilizará, si así lo quieres, como su instrumento.

En todos los casos, el centro de la misión es preparar a un alumno para que realice su tarea, proponiendo una educación integral que restaure la imagen divina. De esta manera, el modelo busca formar nuevos profesionales que sean agentes de servicio, ética y esperanza, integrando fe y conocimiento para impactar el mundo.

No tengo certeza de que yo mismo entienda la magnitud de lo que todo esto implica, pero tengo la seguridad de que el proyecto es trascendente, perfora los tiempos y nos proyecta hacia la eternidad. Esta falta de explicación humana nos lleva a desarrollar la fe en la conducción divina.

Quiero desafiarnos a pensar, a cruzar la línea de nuestras preguntas. Entremos al aula y aceptemos el llamado. Aceptar que tu formación no se limitará a llenar tu mente con datos técnicos, sino a cultivar tu ser integral: mente, cuerpo y espíritu.

Como decía Elena de White en el libro La educación, capítulo 1: «El verdadero conocimiento y desarrollo, en los ámbitos físico, mental y espiritual, tienen su origen en el conocimiento de Dios».

Miramos a nuestro alrededor y vemos un mundo fascinante, pero profundamente quebrantado. Enfrentamos una “crisis de significado”. La tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, conectándonos instantáneamente, pero, simultáneamente, nos encontramos ante una epidemia de soledad, ansiedad y vacío existencial. Vivimos en la era de la información, pero padecemos una carencia severa de sabiduría y de verdad absoluta.

El panorama laboral está cambiando radicalmente con la automatización, generando incertidumbre sobre el futuro del trabajo. Además, observamos una sociedad marcada por la polarización, la falta de ética en los negocios, el deterioro ambiental y una búsqueda incesante del placer inmediato, ignorando a menudo el propósito trascendente de la vida.

En medio de este escenario, los principios bíblicos que defendemos —la integridad, el servicio, la esperanza y la excelencia— son más relevantes que nunca.

Como institución, reafirmamos la creencia de que la Biblia es nuestra guía fundamental en medio de este caos, y que la educación adventista busca restaurar en el ser humano la imagen de su Creador, preparando a los estudiantes para una vida de servicio en este mundo y de felicidad en el venidero.

Ustedes son más que docentes: son mentores, son maestros, son representantes de principios eternos en un mundo que los necesita con urgencia.

Queridos estudiantes, el desafío que enfrentan no es solo académico. El mundo no necesita simplemente más ingenieros, médicos, educadores o contadores; necesita líderes que pongan su profesión al servicio del prójimo y de Dios.

Su reto es convertirse en profesionales diferentes:

–              Profesionales con ética inquebrantable, que elijan el camino de la integridad en un mundo de atajos.

–              Profesionales con propósito, que vivan su carrera como una extensión de la vocación divina. Que cada paciente, cada cliente o cada alumno sea una oportunidad para reflejar el amor de Jesús.

–              Profesionales compasivos, que enfrenten la frialdad tecnológica con calidez humana, empatía y servicio genuino.

El Dr. Bennet Omalu, un keniano adoptado como ciudadano estadounidense, patólogo reconocido con numerosos títulos, honesto, religioso y prestigioso, se encontró en su mesa forense con el cuerpo de Mike Webster. Este era un jugador de fútbol americano, ganador de cuatro Super Bowl y considerado uno de los mejores centrales de la historia.

A pesar de que las evidencias mostraban que había muerto, aun siendo joven, con signos de demencia y Alzheimer, el Dr. Omalu dudó. Esa duda lo llevó a observar la asociación entre las lesiones en el cerebro del cadáver y la condición neurológica que luego denominaría encefalopatía crónica traumática.

Webster había fallecido de forma repentina e inesperada, tras años de lucha contra la discapacidad intelectual y cognitiva, tendencias autodestructivas, desórdenes de ánimo, depresión, abuso de drogas e intentos de suicidio.

Aunque el cerebro de Webster parecía normal en la autopsia, Omalu decidió seguir investigando, enfrentando desafíos económicos y la presión de la prensa, del gobierno y de la poderosa NFL (Liga de Fútbol Americano). Finalmente, sus conclusiones fueron reconocidas. Aunque la práctica del deporte continúa, muchos encontraron la explicación de sus pérdidas y otros tomaron medidas preventivas.

Tres pilares fueron clave para este avance:

  1. Convicción personal de estar haciendo lo correcto.
  2. El apoyo incondicional de su esposa.
  3. El poder de la oración al comenzar su trabajo: “Señor, ayúdame a saber qué le pasó para que pueda ayudar a otros”.

Te propongo prepararte este año para ejercer tu profesión buscando el bienestar de la gente, la explicación trascendente de sus dolores y una salida. Piensa: no hay carrera en la UAP que no pueda integrarse en este proyecto.

¿Es fácil? Esta propuesta no es nada fácil. Podría hacerte un listado de todas las dificultades que podrías enfrentar en la búsqueda del logro. Seguramente llegar hasta aquí ya fue un anticipo de esos obstáculos.

Lo hemos vivido en forma personal y también institucionalmente, pero con la ayuda de nuestro gran Dios se han superado dificultades a lo largo de la historia, confiando siempre en la providencia divina.

Ahora les toca a ustedes continuar ese legado. Sean “la luz del mundo”. No se conformen con adaptarse a la sociedad actual; sean agentes de transformación que restauren la esperanza.

Todas las variadas capacidades que el ser humano posee —de mente, alma y cuerpo— son dadas por Dios para ser empleadas de manera que alcancen el más alto grado posible de excelencia.

Vive y disfruta la experiencia UAP. Este año se te propone vivirla con excelencia: excelencia en Cristo, que es nuestro modelo; excelencia en cada paso, en el proceso, en el propósito y en el resultado; en cada clase, en cada trabajo que entregues y en cada esfuerzo que realices, imitando a Jesús como verdadera fuente de sabiduría.

A modo de cierre, si quieres olvidar el resto, no olvides esto:

«Confía en Dios con todo tu corazón… y él hará derechas tus veredas». (Proverbios 3:5-6)

Bienvenidos a este nuevo ciclo lectivo. Bienvenidos al año de las oportunidades diferentes. Bienvenidos a su casa: la Universidad Adventista del Plata».

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