En el marco de la ceremonia de Colación de Grados el Dr. Sergio Becerra, exdecano de la Facultad de Teología, dirigió su discurso académico hacia el desafío de integrar la formación profesional con la fe cristiana, animando a los nuevos graduados a vivir los valores de excelencia y servicio en cada ámbito de su vida laboral y personal. A continuación, se presenta el discurso completo.
Estimadas autoridades invitadas, autoridades de la UAP, personal y docentes, familiares y queridos graduandos: muy buenos días.
En primer lugar, quiero agradecer a nuestros administradores la invitación de pronunciar el discurso académico en esta graduación.
Pero mi gratitud va más allá aún: quiero agradecer a las autoridades de la Iglesia Adventista en Argentina y la administración de la UAP de la época por invitarme en 1997 a formar parte del personal docente de esta querida institución.
Desde mi llegada en 2001, han pasado casi 25 años. He tenido el privilegio de servir 15 años en la dirección de la Biblioteca E. Irving Mohr, 4 años y medio en la dirección del Centro de Investigación White, siete años como decano de la FT y 23 años como docente de la FT y de materias religiosas en otras facultades.
No puedo más que agradecer de todo corazón a Dios por el privilegio de servirle en esta institución de educación superior cristiana.
Hoy, al ver tantos graduandos con sus togas y birretes, veo años de esfuerzo y sacrificio, noches de estudio y metas alcanzadas.
Sin embargo, al cruzar estas puertas para integrarse al mundo laboral, queridos graduandos, llevan con ustedes algo más valioso que un título: llevan el sello de una educación que los desafía con el lema ‘Excelencia y servicio en Cristo’. Esta mañana celebramos que nuestra excelencia no termina en un diploma, sino que apenas comienza, transformándose en una herramienta para servir a nuestro prójimo y honrar a nuestro Creador.
En estos años de servicio en la UAP lo que más he apreciado ha sido la posibilidad de combinar la búsqueda del conocimiento y la formación profesional con la fe en Dios y la esperanza adventista en un mundo restaurado y libre del pecado.
He visto con alegría cómo la UAP ha mantenido estándares de excelencia y a la vez se ha transformado en un centro activo de grupos misioneros y formación de misioneros para el mundo. A la base de estas iniciativas está el ideal de servicio y el caminar personal con Jesucristo.
Pero al salir al campo laboral debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cómo podemos conectar de ahora en más el ejercicio de nuestra profesión con nuestro ideal de excelencia y servicio en Cristo? Esta es la parte más vital de la vida de un profesional cristiano.
Desarrollarse profesionalmente en Cristo significa establecer una relación profunda e íntima con Él. Acercarnos más a Cristo nos ayudará naturalmente a desarrollar un carácter semejante al de Cristo. Cuanto más nos conectamos con Cristo, más deseamos poseer sus cualidades y atributos específicos. Veamos cómo estas cualidades específicas nos ayudan como profesionales:[1]
La Ética
La “ética cristiana” son los principios y valores morales que Jesús enseñó y que están en la Biblia. La ética guía a los profesionales cristianos a tomar decisiones y vivir una vida recta de acuerdo con Cristo y su fe.
La Laboriosidad
Las sabias palabras del libro del Eclesiastés nos animan: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (9:10). Un trabajador diligente hará todo lo posible para producir lo máximo posible, según sus fuerzas.
La Excelencia
Para los profesionales cristianos, la excelencia significa hacer todo lo mejor que podamos como para el Señor. La distinción demuestra diligencia en el trabajo, servicio a los demás y vivir una vida que honra a Dios. Nos esforzamos por alcanzar la excelencia en todos los aspectos de la vida, incluyendo nuestras relaciones, el crecimiento y desarrollo personal, y el servicio a Dios y a los demás.
El Amor
1 Corintios 16:14 resume todo lo que Cristo pide a los que deciden seguirle: “Todas sus cosas sean hechas con amor”. El profesional cristiano puede mostrar el amor de Cristo a los demás de muchas maneras como:
- Practicando la bondad y la compasión entre nosotros mismos.
- Tratando con bondad y compasión a nuestros colegas, a nuestros clientes y a los que entran en nuestra esfera de influencia, aun cuando esto sea difícil o incómodo. Cuando somos amables con los demás, les mostramos el amor de Dios.
- Buscando formas de servir a los demás en la comunidad.
- Compartiendo nuestra fe, con respeto y amor, con quienes nos rodean.
- Aceptando y extendiendo el perdón: El perdón es una forma poderosa de mostrar el amor de Cristo. Cuando alguien nos hace daño, hay que perdonarlo y dejar a un lado la ira o la amargura. La clave es ser intencional y consciente de mostrar el amor de Cristo a los que nos rodean.
La Humildad
Los profesionales cristianos deben mostrar la humildad de Cristo al relacionarse con sus colegas y compañeros de trabajo. Según Santiago: “Pero él nos da más gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes»” (4:6, NVI). La verdadera humildad es un don de Dios.
La Administración del tiempo
A medida que crecemos profesionalmente en Cristo, aprendemos el valor de la administración del tiempo. Cada día es un regalo de Dios, por lo cual es esencial comenzarlo dedicando tiempo a la oración, al estudio de la Biblia y a la adoración. Como profesionales, la forma en que ordenamos nuestros días es esencial para lograr una productividad y un rendimiento óptimos. Además, las Escrituras aconsejan: “Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad, pero los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza” (Proverbios 21:5)
La renovación física y espiritual
Como profesionales ocupados, debemos aprender a reservar tiempo para nosotros mismos y nuestras necesidades, para renovar y reponer nuestras reservas. Dios diseñó al ser humano para que necesitara descanso y esparcimiento. Tómate esas vacaciones; dedícale unas horas después del trabajo a pasear por la naturaleza o encontrar un lugar tranquilo y apacible donde recargar las energías. Separa el sábado para reponer energía física y espiritual, y cultivar tu relación con Dios.
Estas cualidades cristianas te ayudarán junto con el poder de Dios a que seas un profesional cristiano cabal.
Siempre aprecié el ideal de excelencia y servicio que tiene esta institución. Pero veo que sólo está completa si es Excelencia y servicio en Cristo. Porque los valores morales, éticos y espirituales los obtenemos de la Biblia y nuestra relación con Cristo.
Por esto, una de mis grandes satisfacciones al trabajar en la UAP estos últimos años ha sido agregar una nueva faceta a mi ministerio: el de la oración intercesora. Por diversos motivos, tuve el privilegio de participar en grupos de oración que intercedían por necesidades importantes de nuestra institución o crisis serias en la vida de personas. Una de ellas fue la enfermedad grave de uno de nuestros docentes de la FT. Dios nos respondió no con un milagro sino con una cadena de milagros parciales para mostrarnos su bondad y poder sanador. Pero ¿por qué Dios no respondió de una sola vez con un solo milagro espectacular? Creo que fue porque él quería que aprendiéramos que necesitamos depender no solo a veces de su poder, sino cada día. Y, en segundo lugar, porque nos quiso mostrar que, así como puede sanar, es capaz de impactar cada área de nuestra vida.
Queridos graduandos, los desafío a que pongan a Dios en primer lugar en su vida personal y profesional. Acudan a su Palabra y a la oración cada día y déjense guiar por él.
Queridos compañeros de trabajo, busquemos que la UAP sea cada vez más un campus de oración, mientras continuamos creciendo en la excelencia y el servicio en Cristo. Y que Dios nos encuentre ocupados en honrarlo en todas las cosas en su segunda venida.
¡Muchas gracias!
[1] Esta lista de cualidades es extraída de un artículo escrito por Carol Linda Kingston, “Desarrollo profesional en Cristo: mejores prácticas en el trabajo” en Revista de Educación Adventista, 85:2 (2023).



