El Pr. Dieter Bruns, director del Servicio Voluntario Adventista de la División Sudamericana destacó durante el I Will Go Argentina realizado en la Universidad Adventista del Plata (UAP), la importancia de la oración, la preparación y la dependencia de Dios como pilares para quienes desean involucrarse en la misión, y animó a los jóvenes a capacitarse para responder al llamado de servir.
En la exposición de la primera plenaria “De campo misionero a fuerza misionera”, el Pr. Bruns presentó una mirada sobre los cambios experimentados por la misión mundial y los desafíos que estos plantean para las nuevas generaciones. En diálogo con UAP Noticias, profundizó además sobre el papel del voluntariado, las oportunidades de servicio y la preparación que necesitan quienes desean involucrarse en la misión.
El I Will Go tiene una relación particular con Argentina y con la UAP. Según explicó el Pr. Bruns, el programa nació en el país y posteriormente fue adoptado por la División Sudamericana, que organiza el encuentro cada tres años en distintos países de la región.
Por eso, la realización de una nueva edición en Argentina representa una oportunidad para acercar la experiencia misionera a jóvenes que quizá no tienen la posibilidad de viajar a otros países para participar de un congreso internacional.
Desde su enfoque, realizar nuevamente el encuentro en el país permite que más jóvenes conozcan la realidad de la misión mundial y comprendan las oportunidades y desafíos que implica el voluntariado.
«Es una enorme oportunidad para que estos jóvenes realmente puedan participar, involucrarse y entender de qué se trata el movimiento de voluntariado, de cómo trabaja el Servicio Voluntario Adventista y cuáles son los desafíos de la misión a nivel mundial», señaló.

El Pr. Bruns mencionó que el voluntariado ocupa un lugar fundamental dentro de la Iglesia Adventista. No se trata únicamente de quienes participan en viajes misioneros de corto plazo, sino de una disposición de servicio que atraviesa la vida de la iglesia.
«Todos los miembros son voluntarios», afirmó, al destacar que incluso quienes desempeñan funciones de liderazgo ofrecen su tiempo y, en ocasiones, sus propios recursos para contribuir con la misión.
Esta concepción también amplía la idea tradicional del voluntariado. Para el director del SVA, la misión necesita personas dispuestas no solo a participar en experiencias puntuales, sino también a comprometerse con proyectos de largo plazo.
En ese sentido, el movimiento de voluntariado constituye una herramienta para fortalecer la participación de los miembros y contribuir al cumplimiento de la misión que Jesús encomendó a su iglesia.
La experiencia misionera también representa, para el Pr. Bruns, una oportunidad de crecimiento integral. Entre los beneficios que identificó se encuentra el aprendizaje de nuevos idiomas, el contacto con culturas diferentes y el desarrollo personal que surge al abandonar las estructuras conocidas.
Una persona que decide servir en otro contexto puede encontrarse con la necesidad de aprender un nuevo idioma o incluso varios. En muchos casos, explicó, el inglés funciona como un puente para comunicarse con personas de diferentes países y posteriormente aprender la lengua propia del lugar donde se desarrolla el servicio.
«Dependencia de Dios» fue otra de las dimensiones que destacó el Pr. Bruns. «Quien sirve en la misión debe reconocer que el trabajo no le pertenece individualmente. La misión no es tuya, sino del Señor», expresó.
Salir de la zona de confort puede favorecer también el desarrollo personal y cognitivo, además de permitir el contacto directo con otras culturas y realidades. Sin embargo, estas oportunidades requieren una disposición previa para enfrentar las exigencias que implica el servicio.
El entusiasmo necesita preparación

Uno de los desafíos que el Pr. Bruns identificó entre quienes desean participar de experiencias misioneras es la distancia que puede existir entre el entusiasmo inicial y la preparación necesaria para concretar ese deseo.
«Hay mucha gente que sí tiene el entusiasmo, tiene las ganas, pero no la preparación, la cual requiere de capacitaciones y oración», explicó.
El Pr. Bruns, explicó que ese es un esfuerzo que forma parte del proceso y, a largo plazo, se convierte también en una fuente de beneficios para quien se prepara.
La formación espiritual ocupa un lugar central en ese camino. En consonancia con el mensaje presentado durante la apertura del congreso, el director del SVA destacó que antes de pensar en salir a servir es necesario desarrollar una relación profunda con Dios.
La misión, desde su perspectiva, nace de una transformación interior. La oración no es un elemento complementario de la experiencia misionera, sino el punto de partida desde el cual una persona puede comprender su llamado y depender de Dios para cumplirlo.
Al finalizar la entrevista, el Pr. Bruns hizo la invitación de buscar una Escuela de Misión cercana y participar de ella. Para quienes no sepan dónde encontrar una, sugirió comunicarse con la asociación o misión correspondiente para conocer las opciones disponibles. «Es ahí donde vas a prepararte», afirmó.
Asimismo, destacó la importancia de estudiar inglés para quienes viven en Sudamérica y desean participar de experiencias misioneras internacionales.
«El mundo no habla español, tampoco portugués», señaló. Por eso, consideró que el inglés constituye una herramienta fundamental para quienes buscan ampliar sus posibilidades de servicio.
Pero, por encima de cualquier herramienta, el Pr. Bruns volvió a señalar la importancia de la oración y la disponibilidad personal.
«Si el Señor te quiere llevar, él te va a llevar», afirmó. Para él, el primer paso consiste en estar dispuesto a responder al llamado: “Heme aquí, envíame a mí”.
Una misión que comienza antes de partir
La participación del Pr. Dieter Bruns en el I Will Go Argentina permitió poner en perspectiva uno de los principales desafíos que atraviesa el voluntariado contemporáneo: formar personas dispuestas a servir, pero también preparadas para hacerlo.
El llamado misionero, desde su mirada, no se reduce a viajar, desempeñar una tarea o participar de un proyecto. Comienza en la vida espiritual de cada persona y continúa mediante la preparación, el aprendizaje y la disposición para salir de la propia realidad y encontrarse con otras culturas.
Su mensaje planteó que llegar hasta ese lugar requiere primero aprender a depender de Dios, desarrollar los dones recibidos y prepararse para las oportunidades que puedan surgir. Así, el desafío para la nueva generación no es únicamente preguntarse adónde ir, sino también cómo prepararse para servir cuando llegue el momento.



